Jan 24

HotelSearch no puede negar el hecho de que nos encanta informar sobre lugares literalmente fantásticos como el del Mont Saint-Michel. Es uno de esos sitios en los que uno vuelve a ser un crío de nuevo, porque desde el primer momento en que uno ve la abadía desde la estrecha carretera que llega al monte, se encontrará metido en un cuento de hadas, como si volviéramos a tener cinco años al menos por un día.
Como parte de Normandía, en el oeste de Francia, el Mont Saint-Michel es una isla rocosa que se encuentra aproximadamente a 1 mísero kilómetro de la costa, al lado de los Avranches y metido en medio del Río Couesnon. Con una población de tan sólo 41 habitantes, el pueblo solía estar conectado con el terreno gracias a un puente que desaparecía y aparecía según le diera a la corriente del día, pero ahora, con las avanzadas técnicas de modernización han conseguido estabilizar el río y mejorar el puente (que más bien es una carretera) para que nadie pueda pasar peligro. Sin embargo, la corriente sigue subiendo y cuando está en su nivel más alto todavía nos da la sensación de que estamos en una isla que está a punto de ser absorbida por el mar, creando una de las mejores sensaciones y vistas que uno puede llegar a ver en este planeta.
Sin duda, cuando nos fijamos en el monte, rodeado de murallas y presidido por una abadía memorable, nos damos cuenta de que la historia de este pueblo no podría dejar de estar ligada a la guerra, las batallas y la polemología. El monte solía ser una ciudadela fortificada de los Romano-Bretones durante los siglos VI y VII, y según la leyenda, El Arcángel San Miguel se le apareció al Obispo de Avranches para que construyera una iglesia en la montaña. Al parece el obispo se negó y el arcángel tuvo que hacerle un agujero en la cabeza para que despertara, así construyendo una de las abadías más famosas del mundo.
Durante la Guerra de los Cien Años también fue protagonista esta islita, ya que los ingleses trataron de hacerse con el control de la fortificación en varias ocasiones, no consiguiéndolo en ninguna de ellas gracias, sobre todo, a la imposibilidad de sitiar un lugar semejante, rodeado de agua por todos lados y protegida por una muralla descomunal.
Hubo un tiempo incluso en que los monjes de la Abadía abandonaron el lugar, porque el gobierno francés decidió convertir la abadía en una cárcel, que finalmente cerró en 1863, debido a la presión de cientos de pensadores, de entre ellos, Victor Hugo, que consideraba que el lugar debía volver a sus orígenes, volver a convertirse en un tesoro arquitectónico nacional.
Hoy en día, aunque los franceses han dedicado muchísimo tiempo en evitar peligro para los visitantes, algunos quedan atrapados a veces por las mareas debido a que se aventuran, en contra de lo aconsejado, a caminar por la arena que rodea a la isla en vez de quedarse en la carretera. La marea de esta zona sube y baja a placer sin avisar, así teniendo que ir a buscar a muchos turistas que pasan de las advertencias.
Si le gustaría ir a visitar este lugar emblemático ha de saber que desde la capital de España son tan sólo 1249 km, pero como los últimos 100 kilómetros no hay autopista, el viaje entero en coche puede durar unas 13 horas, aunque siempre tiene la posibilidad de quedarse una noche en cualquiera de los lugares que están de camino: Valladolid, Burdeos, Nantes o Normandía. Cruzar Francia en coche siempre es aconsejable para los más aventureros, pues uno no para de ver lugares realmente agradables, ya sean pueblos con castillos, catedrales, fantásticos ríos, presas, ciudades históricas, pueblos de antaño, etc, así que no lo dude y planee su ruta contando con que puede quedarse en los siguientes hoteles de Saint Michel:
Foto de: Pilar Azaña
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